martes, 15 de noviembre de 2011

Schneckentraum - [Cap. 16 & Cap. 17]

Capítulo 16: This is not True...

... Me escabullí por todos los pasillos, pero no la encontré y me detuve a mirar el cuadro que tanto llamaba mi atención. Luego de unos instantes, seguí con mi búsqueda, hasta llegar al pasillo principal, donde una muchacha subida en una escalera, ordenaba libros. Pero ella no era mi Elizabeth.

Suspiré con aire de molestia, sin saber qué hacer, hasta que la joven me dirigió la mirada y por fin habló.

- ¿Te puedo ayudar en algo? – preguntó amablemente.

Sólo negué con la cabeza, luego bajé la mirada y di la vuelta.

Comencé a preocuparme desesperadamente. ¿Dónde estaba Elizabeth? ¿Qué le había ocurrido? Sólo quería verla y ya, lo otro no importaba tal vez, ella, ¿dónde estaba? ¿Estos malditos la habrían despedido? ¿Le tocaba clases a esta hora?

Caminé lentamente hacia el sector dónde se sentaban a leer los ancianos, sin saber qué rayos hacer ahí sin Elizabeth, no comprendía, simplemente, que no estuviera allí.

Había sólo un anciano, leyendo un libro con gran interés, pero no me importó, lo interrumpí y ya.

- Buenos días – saludé cordialmente
- Hola – respondió al levantar la mirada hacia mí.
- Disculpe, ¿no vino hoy Elizabeth?
- ¿Elizabeth? ¿Es usted de la familia? – preguntó con interés.
- No, no. Soy… únicamente, bueno, un amigo – respondí con temor.

Bajó la mirada y luego me miró.

- Lo siento, pero Elizabeth tuvo ayer un accidente camino a casa, fue atropellada. Creo que el entierro será mañana o pasado, aunque no lo sé exactamente. Lo mejor sería que nos llamase… -

En ese instante mis oídos se ensordecieron, no quise seguir escuchando y salí corriendo.

Todo se volvió borroso, la voz del anciano, todo.

Esto no podía estar ocurriéndome ¡No mi Elizabeth, No! Ella no, ella no, cualquiera, mi vida, pero ella no.

Empujé a todo el que se me pusiera en camino, me importaba una m¡erda sus miradas de pena, ¡ahora lo entendía todo! ¡Todos sabían menos yo!

Me sentí morir lentamente, no podía estar pasándome esto, a Elizabeth, a ella no ¿por qué a ella? Si era tan perfecta, tan Elizabeth, ¡es!, no, no lo era, ¡es! Porque, esto era una maldita mentira… Todos habían hecho un complot en contra mía, ¡sí, eso era! Y Elizabeth no estaba muerta… ella seguía estando aquí…

Mi Elizabeth, no…

Llegué rápidamente al salón. Había sonado el timbre de entrada.

Todos me miraban, pero ni si quiera percibí sus miradas absurdas. No comprendía, no cabía en mi cabeza, aquel hecho, no, no existía, y no podía procesarlo en mi cerebro, dentro de mí, en mi corazón. Mi corazón, lo rechazaba, lo expulsaba y no aceptaba que Elizabeth hubiera fallecido, eso, no. Yo estaba aquí ¡Elizabeth!...

No me dejes solo, no me abandones… no ahora…

Ni si quiera me explicaba el hecho de que aún siguiera respirando, si ella tenía cada partícula de mi ser, cada célula, todo ello, tendría que haber muerto, claro, ahí estaba, muerto en vida. Mi corazón, era de Elizabeth, mis labios, eran de ella, mi alma.

Completa y absolutamente le pertenecía a ella.

Y ella era todo lo que yo había sido aquellas tres semanas, mi alegría, mi locura, mis nervios, mi ser, mi todo.

Sentía que yo había sido el atropellado, sentía que estaba muerto, como un fantasma sin reacción alguna, como un fantasma que no sabe que ha muerto, y aun no se da cuenta, por lo cual sigue rondando la tierra.

Mi cuerpo no se comportaba de acuerdo a mi mente, estaba simplemente allí, tirado, sentado en el banco de Bill, siendo observado por todos, en otro mundo, desconectado de la realidad de la clase de Literatura. El Bill de verdad, estaba sumido en todo lo que involucraba a su ser humano; mente, corazón, alma… Elizabeth.

Habían miles de personas, millones, ¿por qué ella? Cualquiera, menos ella. La señora que cruzaba a su lado, el chico idiota que venía en frente, el estúpido que la atropelló… tantas opciones, pero fue ella…

Al sonar el timbre, los alumnos a mi alrededor comenzaron a salir lentamente, esperando a que yo lo hiciera primero…

Me quedé sentado.

- ¿Bill? – sentí aquella molesta vocecita aguda.

Era Jenn. No le respondí

- ¿Supiste lo de la loca de la biblioteca? Esa tal Elizabeth. Por lo menos ahora no dará más lástima por los pasillos – dijo con total descaro.

Loca de la biblioteca, lástima por los pasillos…


Capítulo #17: In Despair...

Aquel comentario por fin me hizo reaccionar. Nadie, pero nadie, iba a insultar a Elizabeth en mi presencia, sin conocerla, más aun, estando ella… ausente.

Me puse de pie violentamente y la empujé.

- ¿Quién te crees que eres? ¡Tú eres la loca aquí! – Grité fuertemente, totalmente desenfrenado – ¡por favor, te crees una princesita y lo único que haces es mirarte al espejo todos los días! Elizabeth era distinta, como ninguna, ¡porque todas ustedes son unas tontas! – Me dirigí a mis compañeras - Elizabeth, era inteligente, leía, era culta, vivía en su propio mundo y ¡qué! Para algún día sobresalir de ustedes montón de imbéciles, ¡que no hacen nada más productivo en sus malditas vidas! – exclamé perdiendo el control - Elizabeth conocía de la vida, del mundo, ¡no como estos perdedores! – hablé, más bien, grité, ante mis compañeros, que me miraron con cara de yo estar loco.

- ¿Y qué tanto me ven? – pregunté a la multitud de curiosos que se asomaba por la puerta y a mis propios compañeros de salón. – ¡Elizabeth no merecía esto! ¡Ella era perfecta! ¡Ustedes, sí, todos ustedes debieron haber muerto, menos ella! No valen nada, en cambio ella sí, valía mucho, ¡mi vida! – finalicé eufórico, para salir caminando del salón, simulando tranquilidad.

Mientras todos me observaban en el pasillo.

- ¡Bill! – sentí a lo lejos una voz, pero no le presté atención.
- ¡Bill! – la escuché cada vez más cerca.
- No me interesa, imbécil – respondí fastidiado, sin si quiera conocer aquella voz tan familiar
- ¡Hey! – y alguien tomó bruscamente de mi brazo, para voltearme hacia él. Era Tom.
- ¡Suéltame, me lastimas! – grité, haciendo más escándalo.
- Yo no soy el que te lastima ¡entiende! – me zamarreó.
- ¡Déjame, no quiero hablar contigo! – dije y comencé a forcejear.
- ¡Bill, hermano, reacciona! – y me abrazó fuertemente.
- ¡Suéltame idiota, suéltame! – grité furioso y golpeé su espalda, intentando zafarme.
- ¡Cálmate, Bill! Estoy aquí, confía en mí… - me abrazó más fuerte aún, conteniéndome.
- ¡Suéltame!, suéltame…. – pronuncié a penas para rendirme, ya que las lágrimas asomaron rápidamente en mis ojos y comencé a llorar descontroladamente en su hombro – Mi Elizabeth, Tom, ¡mi Elizabeth! – dije entre sollozos – me la arrebataron, me la quitaron… se ha ido, para siempre ¡Tom, Elizabeth ha muerto! – y me quebré nuevamente en llanto.
- Bill, vamos a casa, allí estarás mejor… - dijo intentando calmarme, con voz reconfortante.

Tom había pedido una autorización para salir de la escuela, debido a mi estado, y el director, al saber la noticia de Elizabeth y Tom haberle contado que ella era mi amiga, aceptó de inmediato y nos dejó salir.

En silencio, tomamos un autobús a casa. No hablamos en todo el camino.

Estando en casa, mamá se extrañó al vernos llegar tan temprano… creo que me preguntó qué me había sucedido, no recuerdo bien, el Bill cuerdo no se encontraba allí como para darle una buena respuesta, respuesta que no querría salir de mis labios, ni si quiera rozarlos.

Subí de inmediato a mi habitación, seguido de mi hermano, quien cerró la puerta tras él y se sentó en la cama. Yo me había quedado de pie junto a ella, mirando un punto exacto en el piso que ni si quiera veía, mis ojos estaban posado allí, pero no veía; lo único que se atravesaba en mi retina era todo lo ocurrido esta espantosa mañana.

- Bill, ven aquí, siéntate – señaló preocupado.

No respondí.

- Bill, tenemos que hablar… - se puso de pie , con cuidado me atrajo hacia la cama y me senté a su lado.

No hablé.

No hay comentarios:

Publicar un comentario