martes, 15 de noviembre de 2011

Schneckentraum - [Cap. 3: Followin' you]

Autor: Robin
____________



- Gracias – le dijo la muchacha luego de entregarle el dinero.
- Gracias, que tengas un buen día – respondió la cajera.

Se dio vuelta y volvió a mirarme, comenzó a caminar por entre las mesas, en línea recta, para dirigirse a la puerta de salida del casino, la cual estaba a mi espalda.

Cuando pasó a mi lado, bajó la vista, yo fijé la mía en mi refresco, se detuvo.

No respiré.

Pero luego de aquella pausa, siguió su camino y salió del lugar.

Cerré mis ojos con fuerza; quise morir ahí mismo, había perdido la oportunidad de hablarle, de cualquier contacto visual u oral, la había dejado ir sin decirle nada, sin pronunciar nada. Pero, esperé, esperé alguna respuesta…

Escuché a mi corazón latir con más fuerza, golpeando, incluso, mi pecho. No. No iba a permitir que ella se marchara así como si nada, no iba a perderla… a ella no.

Me armé de valor y me puse de pie. La seguiría.

Caminé hacia la cajera, cancelé mi café y salí precipitadamente del casino. Miré hacia ambos lados del pasillo, la vi caminando distraídamente por el lado izquierdo.

Comencé a seguirla con disimulo, mezclándome entre la multitud de alumnos de aquel establecimiento, cuidando también de no perderla de vista, eso sería terrible para mí. Dobló nuevamente hacia la izquierda y siguió su andar… Luego empezó a subir lentamente por una escalera, la cual nunca antes había visto en aquella escuela.

Claro, era la entrada a la biblioteca, jamás había entrado y nunca antes me había interesado. Hasta ahora.

Luego de verla desaparecer tras la puerta de entrada, subí también las escaleras y abrí la puerta.

Mi primera impresión al entrar fue oír música, clásica tal vez, pero era una hermosa melodía en piano, que le daba un aspecto de antigüedad al lugar… Una anciana que jugaba a las cartas en una pequeña mesa me observó de pies a cabeza, inspeccionándome, por así decirlo… luego bajó la mirada y se volvió a sumir en su ‘actividad’. Seguí observando aquel curioso lugar… más allá habían altos estantes llenos de libros, ordenados en fila, para crear elegantes pasillos entre uno y otro. Un hombre al final de uno de estos pasillos leía con atención un libro, por lo cual ni si quiera se dio cuenta de mi presencia…

Avancé con cautela, mirando por todos lados, en busca de ‘ella’. A mi derecha, pude descubrir desde dónde provenía tal hermosa música: Una anciana tocaba el piano con entusiasmo, mientras que a su lado dos ancianos más leían el periódico.

No les presté mucha atención, y seguí de largo; otro anciano pasó por mi lado y me sonrió amablemente, cuando procedía a devolver aquella sonrisa, la vi y me detuve.

Estaba de pie ojeando un libro, no lo leía, sólo pasaba hojas sin cesar. Y yo comencé a mirarla nuevamente, se transformaba en una adicción de mi parte mirarla detenidamente, sin pestañear, porque cualquier pestañeo era una pérdida inmediata de tiempo, que pudo haber sido aprovechado en ella.

Notó mi presencia y dirigió su vista hacia mí.

Me helé e impulsivamente saqué el primer libro que tuve a mano de uno de los enormes estantes, para disimular, así, que leía interesado en aquello y que había venido a hacer algo productivo, no mirarla a ella, que no la había seguido hasta allí. Suspiré fuertemente, aliviado.

Pero mi intento fue inútil; no habían pasado ni si quiera cinco segundos y yo ya estaba observándola inconscientemente de nuevo. Y ella volvía a darse cuenta…

No hay comentarios:

Publicar un comentario