Autor: Robin
- ...Bill, tenemos que hablar… - se puso de pie , con cuidado me atrajo hacia la cama y me senté a su lado.
No hablé.
- Bill, dime qué ocurrió, que te dijeron en la biblioteca…-
- Llegué y… - pronuncié apenas, mirando el piso, dudando – la busqué, como siempre, pero… no la encontré y, había otra chica ordenando los libros, me extrañé y le consulté a uno de los ancianos del lugar, quien me contó que ella…- me detuve.
- Vamos, Bill, tranquilo…-
- Y… - se asomó nuevamente una lágrima – me contó que Elizabeth había sido atropellada el día de ayer. – Finalicé y la lágrima cayó al piso, seguida de unas varias más.
Llevé mis manos al rostro para limpiar mis lágrimas, pero era imposible, cada vez salían más y más…
Tom se acercó y me abrazó cálidamente, consolándome…
- Eso, vamos, desahógate… prefiero verte así que muerto en vida, sin que me hubieses contado –
- No sé por qué lloro, Tom, no debería hacerlo… no saco nada con esto, llorar no me la traerá de vuelta – dije entre lastimosos sollozos.
- Ella sí que te tenía loco… - comentó ante mi comportamiento.
- Más que loco, Tom, yo la amaba, ¡la amo! Y lo haré por siempre… - limpié una lágrima que caía por mi mejilla derecha con mi mano –hoy en el autobús te mentí…
- ¿Qué? – preguntó al instante.
- Ella y yo nos besamos, ayer… - confesé y otra lágrima se asomó…
- Lo sabía… - respondió con angustia.
- Y… ahora – levanté la mirada y lo miré – no volveré a tocar sus labios nunca más, ni a verla leyendo tranquilamente, devorando con su mirada un libro, su sonrisa, ya no estará allí – exploté nuevamente en llanto descontrolado y abracé fuertemente a Tom.
- Ya, Bill… tranquilo. Si se besaron, ¿le dijiste al menos lo que sentías por ella? – preguntó.
- Sí, ¡todo! Todo, ella lo supo todo… - respondí con dificultad, ya que mis sollozos impedían que dijera la frase de corrido.
- Y… ¿ella? ¿Qué te dijo? – preguntó con gran interés, separándome de él.
- Me quería, me amaba también – limpié mi rostro y sonreí levemente.
- ¿Ves? Al menos se fue sabiendo que tú eras alguien especial… - comentó, intentando sonar algo reconfortante, intentando levantar mi ánimo caído.
- Pero se fue… - agregué cortante.
- ¿Necesitas estar solo? – preguntó ante mi actitud.
Sólo asentí con la cabeza.
- Como quieras, no quiero que estés incómodo… - dijo inclinándose para ponerse de pie.
- No estoy incómodo, sólo… necesito pensar –
- Está bien, piensa todo lo que quieras – agregó con tono acogedor, abriendo la puerta de mi cuarto.
- Gracias – sonreí.
Y cerró la puerta tras de sí.
Automáticamente una lágrima cayó nuevamente de mi ojo derecho, recorriendo lentamente mi mejilla hasta colgar de mi mentón y caer al piso
No podía hacer nada más.
Me recosté sobre mi cama, de lado, y dejé que aquellas gotas cayeran por sí solas… Todo lo que hiciera para evitarlo no era suficiente; ella ya no estaba…
Su todo; ya no estaría para recibirme como siempre en la biblioteca, para sonreírme cuando sacaba un libro, el cual ni si quiera me interesaba en leer y ella tanto demoraba en envolver, en su mesita después del angosto y largo pasillo…
Nunca abrí los libros, nunca me inmuté en si quiera sacarlos de su envoltura, nada. Sólo estaban allí, en mi escritorio, esperando ser leídos.
Y, ella siempre insistía en envolverlos, nunca me los entregó así, sin nada…
Miré desde mi posición la pila de libros: quince eran en total…
Me puse de pie y fui hacia ellos, para traerlos y esparcirlos en mi cama.
Tal vez, pensé… aquí descubriría algo, al menos, intentaría leer alguno.
No hablé.
- Bill, dime qué ocurrió, que te dijeron en la biblioteca…-
- Llegué y… - pronuncié apenas, mirando el piso, dudando – la busqué, como siempre, pero… no la encontré y, había otra chica ordenando los libros, me extrañé y le consulté a uno de los ancianos del lugar, quien me contó que ella…- me detuve.
- Vamos, Bill, tranquilo…-
- Y… - se asomó nuevamente una lágrima – me contó que Elizabeth había sido atropellada el día de ayer. – Finalicé y la lágrima cayó al piso, seguida de unas varias más.
Llevé mis manos al rostro para limpiar mis lágrimas, pero era imposible, cada vez salían más y más…
Tom se acercó y me abrazó cálidamente, consolándome…
- Eso, vamos, desahógate… prefiero verte así que muerto en vida, sin que me hubieses contado –
- No sé por qué lloro, Tom, no debería hacerlo… no saco nada con esto, llorar no me la traerá de vuelta – dije entre lastimosos sollozos.
- Ella sí que te tenía loco… - comentó ante mi comportamiento.
- Más que loco, Tom, yo la amaba, ¡la amo! Y lo haré por siempre… - limpié una lágrima que caía por mi mejilla derecha con mi mano –hoy en el autobús te mentí…
- ¿Qué? – preguntó al instante.
- Ella y yo nos besamos, ayer… - confesé y otra lágrima se asomó…
- Lo sabía… - respondió con angustia.
- Y… ahora – levanté la mirada y lo miré – no volveré a tocar sus labios nunca más, ni a verla leyendo tranquilamente, devorando con su mirada un libro, su sonrisa, ya no estará allí – exploté nuevamente en llanto descontrolado y abracé fuertemente a Tom.
- Ya, Bill… tranquilo. Si se besaron, ¿le dijiste al menos lo que sentías por ella? – preguntó.
- Sí, ¡todo! Todo, ella lo supo todo… - respondí con dificultad, ya que mis sollozos impedían que dijera la frase de corrido.
- Y… ¿ella? ¿Qué te dijo? – preguntó con gran interés, separándome de él.
- Me quería, me amaba también – limpié mi rostro y sonreí levemente.
- ¿Ves? Al menos se fue sabiendo que tú eras alguien especial… - comentó, intentando sonar algo reconfortante, intentando levantar mi ánimo caído.
- Pero se fue… - agregué cortante.
- ¿Necesitas estar solo? – preguntó ante mi actitud.
Sólo asentí con la cabeza.
- Como quieras, no quiero que estés incómodo… - dijo inclinándose para ponerse de pie.
- No estoy incómodo, sólo… necesito pensar –
- Está bien, piensa todo lo que quieras – agregó con tono acogedor, abriendo la puerta de mi cuarto.
- Gracias – sonreí.
Y cerró la puerta tras de sí.
Automáticamente una lágrima cayó nuevamente de mi ojo derecho, recorriendo lentamente mi mejilla hasta colgar de mi mentón y caer al piso
No podía hacer nada más.
Me recosté sobre mi cama, de lado, y dejé que aquellas gotas cayeran por sí solas… Todo lo que hiciera para evitarlo no era suficiente; ella ya no estaba…
Su todo; ya no estaría para recibirme como siempre en la biblioteca, para sonreírme cuando sacaba un libro, el cual ni si quiera me interesaba en leer y ella tanto demoraba en envolver, en su mesita después del angosto y largo pasillo…
Nunca abrí los libros, nunca me inmuté en si quiera sacarlos de su envoltura, nada. Sólo estaban allí, en mi escritorio, esperando ser leídos.
Y, ella siempre insistía en envolverlos, nunca me los entregó así, sin nada…
Miré desde mi posición la pila de libros: quince eran en total…
Me puse de pie y fui hacia ellos, para traerlos y esparcirlos en mi cama.
Tal vez, pensé… aquí descubriría algo, al menos, intentaría leer alguno.
Capítulo #19: Books.
Limpié rápidamente mis lágrimas y tomé el primer libro que me había traído a casa, el primer día en que vi a Elizabeth; 'Schneckentraum', el libro de caracoles.
Lo desenvolví desinteresadamente, no sabía qué hacía.
Abrí con cuidado la tapa de la portada, un papel cayó de él, se había desprendido de una frágil cinta adhesiva…
Lo tomé precipitadamente y leí lo que allí había escrito.
'Dos de Octubre. Sé que me seguiste hoy desde el casino. No creo que hayas venido en busca de este libro con la intención de llevárselo a alguien. Sé que esto es una locura, hacer lo que estoy haciendo, escribirte así, en este libro, pero la verdad es que me encantaría volver a verte. ¿Volverás a visitarme de nuevo?'. Elizabeth.
Un impulso desesperado me hizo tomar el siguiente libro, recordaba exactamente cual había sido de cada día, simplemente por el tipo de envoltura…
'Tres de Octubre. Qué amable el gesto de hoy, quizás tú provocaste que me distrajera y dejara caer los libros sin querer, gracias… por volver.'
'Cuatro de Octubre. ¿Vendrás todos los días? Eso me alegra mucho; me gusta verte aquí.'
'Cinco de Octubre. Aunque no hablas mucho conmigo, puedo leer lo que tus ojos me dicen, son realmente hermosos, como tú.'
'Seis de Octubre. Vampiros. Me gustan mucho. No sé por qué te recomiendo su lectura; tal vez para hablarte un poco más y así oír tu voz por un lápsus de tiempo más prolongado…
'Nueve de Octubre. Por fin lunes, no aguantaba las ganas de volver a verte de nuevo, no sabes cuan feliz me pone el sólo hecho de verte entrar por esa puerta…'
'Diez de Octubre. ¿Cómo te llamas? Todavía no lo sé. Por favor, habla conmigo o dame alguna señal.'
'Once de Octubre. La señora del piano habla muy bien de ti, no me explico el por qué, me ha dicho que tu nombre es Bill, Bill Kaulitz. Dice que eres un buen chico ¿tendré que creerle? Aunque aquello yo ya lo tenía más que claro desde el primer día en que entraste aquí.'
'Doce de Octubre. Hoy me hablaste más que de costumbre, sentí que aquella conversación duró una hora, disfrutando cada instante, pero fueron fugaces segundos. ¿Cantas? No puedo dejar de imaginar tu voz, ¿cómo será? De seguro, hermosa, junto a la melodía de piano, que tal vez aprendas a tocar, no lo sé, pero sería la combinación adecuada; perfecta.'
'Trece de Octubre. ¿Sabes? Anoche soñé contigo. Cada día que pasa deseo más y más poder volver a verte. A penas te vas, lo único en lo que pienso es en el día siguiente, para verte llegar de nuevo.'
'Catorce de Octubre. Me paso el tiempo observándote y tú no te das cuenta. Adoro tu sonrisa, aunque la he visto tan pocas veces, podría asegurarte que cuando me sonríes, mi mundo se llena de fantasía, ante tal bella expresión. No me canso de observarte mientras ojeas aquellos libros, claro, simulo leer para que no me descubras. Haces un gesto adorable con tus labios, los aprietas y luego los mueves hacia los lados, en un extraño conjunto con el alzar de tus cejas. Eres tan Perfecto…'
'Quince de Octubre. Durante estas dos semanas no he dejado de pensar en ti, me has vuelto adicta a ti, como una droga que no puedo dejar de consumir. No puedo estar sin verte, estoy intranquila, necesito de tu presencia. Me confundes, ¿por qué no me respondes?'
Me quedaba el último, el que había ido a buscar el día de ayer, cuando ella y yo nos besamos.
Lo tomé con temor, y leí para mis adentros…
- ‘Dieciséis de Octubre. Hoy te di la mayor expresión de cariño que pude darte, un beso, algo turbio y apresurado… simplemente no me resistí ante tal declaración conjunta. Nunca imaginé que alguien como tú; se fijara en alguien como yo. Cada palabra que salía de tu boca, cada sílaba, era pronunciada con tanta precisión. Tu manera de hablar, tan exacta para tal testimonio, para aquel relato. Lo supe desde el primer momento, cuando te ruborizaste porque te silencié, colocando mi dedo índice sobre tus labios, luego, cuando comenzaste a describir aquel misterioso libro, yo ya sabía a dónde querías llegar, sencillamente me hacía la desentendida porque disfrutaba tenerte en mi oído hablándome sobre amor, sobre nuestro amor. No sé cómo describir lo que siento en este momento; volviste a besarme, tus labios, tan suaves y delicados. El Beso Perfecto, del muchacho indicado, en el lugar indicado, con romanticismo de libros, pero era el exacto. Eres Perfecto, ¿te lo había dicho, o más bien, escrito antes? No cambiaría nada de ti… En el preciso instante en que comenzaste a hablar, con tanta armonía, tan poéticamente, cuando me besaste; sentí que todo lo que había sucedido hace tres semanas eran cosas insignificantes. Todo lo que había de cariño en mí hacia ti se desvaneció, lo borré instantáneamente, lo deseché de mi corazón. Porque no te quería, Bill, nunca te quise ni nunca lo haré.
Yo te amaba, siempre te amé y siempre lo haré.
Bill, te amo.’ Elizabeth.
Limpié rápidamente mis lágrimas y tomé el primer libro que me había traído a casa, el primer día en que vi a Elizabeth; 'Schneckentraum', el libro de caracoles.
Lo desenvolví desinteresadamente, no sabía qué hacía.
Abrí con cuidado la tapa de la portada, un papel cayó de él, se había desprendido de una frágil cinta adhesiva…
Lo tomé precipitadamente y leí lo que allí había escrito.
'Dos de Octubre. Sé que me seguiste hoy desde el casino. No creo que hayas venido en busca de este libro con la intención de llevárselo a alguien. Sé que esto es una locura, hacer lo que estoy haciendo, escribirte así, en este libro, pero la verdad es que me encantaría volver a verte. ¿Volverás a visitarme de nuevo?'. Elizabeth.
Un impulso desesperado me hizo tomar el siguiente libro, recordaba exactamente cual había sido de cada día, simplemente por el tipo de envoltura…
'Tres de Octubre. Qué amable el gesto de hoy, quizás tú provocaste que me distrajera y dejara caer los libros sin querer, gracias… por volver.'
'Cuatro de Octubre. ¿Vendrás todos los días? Eso me alegra mucho; me gusta verte aquí.'
'Cinco de Octubre. Aunque no hablas mucho conmigo, puedo leer lo que tus ojos me dicen, son realmente hermosos, como tú.'
'Seis de Octubre. Vampiros. Me gustan mucho. No sé por qué te recomiendo su lectura; tal vez para hablarte un poco más y así oír tu voz por un lápsus de tiempo más prolongado…
'Nueve de Octubre. Por fin lunes, no aguantaba las ganas de volver a verte de nuevo, no sabes cuan feliz me pone el sólo hecho de verte entrar por esa puerta…'
'Diez de Octubre. ¿Cómo te llamas? Todavía no lo sé. Por favor, habla conmigo o dame alguna señal.'
'Once de Octubre. La señora del piano habla muy bien de ti, no me explico el por qué, me ha dicho que tu nombre es Bill, Bill Kaulitz. Dice que eres un buen chico ¿tendré que creerle? Aunque aquello yo ya lo tenía más que claro desde el primer día en que entraste aquí.'
'Doce de Octubre. Hoy me hablaste más que de costumbre, sentí que aquella conversación duró una hora, disfrutando cada instante, pero fueron fugaces segundos. ¿Cantas? No puedo dejar de imaginar tu voz, ¿cómo será? De seguro, hermosa, junto a la melodía de piano, que tal vez aprendas a tocar, no lo sé, pero sería la combinación adecuada; perfecta.'
'Trece de Octubre. ¿Sabes? Anoche soñé contigo. Cada día que pasa deseo más y más poder volver a verte. A penas te vas, lo único en lo que pienso es en el día siguiente, para verte llegar de nuevo.'
'Catorce de Octubre. Me paso el tiempo observándote y tú no te das cuenta. Adoro tu sonrisa, aunque la he visto tan pocas veces, podría asegurarte que cuando me sonríes, mi mundo se llena de fantasía, ante tal bella expresión. No me canso de observarte mientras ojeas aquellos libros, claro, simulo leer para que no me descubras. Haces un gesto adorable con tus labios, los aprietas y luego los mueves hacia los lados, en un extraño conjunto con el alzar de tus cejas. Eres tan Perfecto…'
'Quince de Octubre. Durante estas dos semanas no he dejado de pensar en ti, me has vuelto adicta a ti, como una droga que no puedo dejar de consumir. No puedo estar sin verte, estoy intranquila, necesito de tu presencia. Me confundes, ¿por qué no me respondes?'
Me quedaba el último, el que había ido a buscar el día de ayer, cuando ella y yo nos besamos.
Lo tomé con temor, y leí para mis adentros…
- ‘Dieciséis de Octubre. Hoy te di la mayor expresión de cariño que pude darte, un beso, algo turbio y apresurado… simplemente no me resistí ante tal declaración conjunta. Nunca imaginé que alguien como tú; se fijara en alguien como yo. Cada palabra que salía de tu boca, cada sílaba, era pronunciada con tanta precisión. Tu manera de hablar, tan exacta para tal testimonio, para aquel relato. Lo supe desde el primer momento, cuando te ruborizaste porque te silencié, colocando mi dedo índice sobre tus labios, luego, cuando comenzaste a describir aquel misterioso libro, yo ya sabía a dónde querías llegar, sencillamente me hacía la desentendida porque disfrutaba tenerte en mi oído hablándome sobre amor, sobre nuestro amor. No sé cómo describir lo que siento en este momento; volviste a besarme, tus labios, tan suaves y delicados. El Beso Perfecto, del muchacho indicado, en el lugar indicado, con romanticismo de libros, pero era el exacto. Eres Perfecto, ¿te lo había dicho, o más bien, escrito antes? No cambiaría nada de ti… En el preciso instante en que comenzaste a hablar, con tanta armonía, tan poéticamente, cuando me besaste; sentí que todo lo que había sucedido hace tres semanas eran cosas insignificantes. Todo lo que había de cariño en mí hacia ti se desvaneció, lo borré instantáneamente, lo deseché de mi corazón. Porque no te quería, Bill, nunca te quise ni nunca lo haré.
Yo te amaba, siempre te amé y siempre lo haré.
Bill, te amo.’ Elizabeth.
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