Autor: Robin
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Capítulo 4: Elizabeth
Me miró y suspiró con un ligero aire de molestia,lo cual me hizo incomodar, cerró el libro, lo dejó en su lugar y caminó hacia mí. Bajé la mirada tímidamente, sin saber qué hacer.
- Hola - me dijo amablemente.
- Hola – respondí despacio, guiando la mirada hacia ella.
- ¿Te puedo ayudar? – preguntó con el mismo tono de hace un instante.
- Sí, no – dije torpemente, producto del nerviosismo que me producía su presencia, luego bajé la vista al libro y volví a mirarla - sí, quiero llevar esto - y le entregué el libro que impulsivamente había sacado de su lugar.
Miró la portada del libro y sonrió.
- ¿Te gustan los caracoles? –
- ¿Qué? – pregunté confundido.
- Caracoles – me dijo señalando el título en la portada del libro con su dedo índice.
- Sí – sonreí – No. No es para mí – dije titubeante y mi rostro se volvió serio de nuevo.
- ¿Lo envuelvo? – preguntó
Asentí con la cabeza.
- Ahí está el mesón donde hacemos el papeleo de entrega y devolución, espérame por favor un momento. Ahora mismo regreso – sonrió y caminó hacia el enorme mesón.
Cerré los ojos y suspiré satisfecho, luego la seguí.
Se colocó detrás de un mesón negro, donde habían unos libros de anotaciones, no me fijé mucho, me detuve frente a él, con las manos en los bolsillos de mi chaqueta, mientras que ella tomaba un papel café, probablemente de envoltura, y se iba por un pequeño y estrecho pasillo hacia otra mesita, mucho más pequeña, para comenzar a envolver mi caprichosa compra.
Mientras tanto, por fin le quité la vista de encima y comencé a observar detenidamente el lugar.
Nunca antes había estado allí, y eso era así, contando que hace mucho tiempo que estudiaba en la misma escuela, con las mismas personas, con los mismos molestos compañeros de clase, pero ese lugar… ni si quiera imaginaba su existencia, porque yo conocía otra biblioteca, no esta. Y esos ancianos, ¿de dónde habrían salido?, ni que mi escuela fuera un asilo… sólo conocía a la anciana del piano, ella hacía clases en un taller, al que, también, nunca fui, aunque siempre quise aprender a tocar piano… A los demás nunca los había visto rondar por los pasillos, o entrando en las mañanas, nada.
Seguí mi recorrido visual, por cada libro, cada estante, cada pared, cada cuadro y retratos antiguos, hasta llegar a uno que se encontraba detrás de mí, el cual llamó curiosamente mi atención. En él había una joven, sentada en una silla frente a una ventana, mirando la luz que provenía de ella; su mirada era suave, pero a la vez fría e intenté buscarle algún sentido a su imagen sentada allí… Pero en eso, llegó 'ella', el sentido de mi presencia en esa antigua biblioteca. Fingió toser, para que me diera cuenta de que ella ya había llegado.
Me di vuelta hacia ella, quien sostenía el libro envuelto entre sus manos y me miraba atentamente, luego caminé hacia el mesón.
- Treinta días es el plazo máximo de devolución – me lo entregó – comunícale eso a la persona encargada del libro.
Asentí con la cabeza y comenzó a anotar algo en un papel; mientras hacía eso, pude percatarme que en su chaqueta tenía una pequeña tarjeta, en el lado derecho del pecho, con su nombre, el cual leí para mis adentros: 'Elizabeth'. Luego me lo entregó, junto con el papelito.
- Que pases un buen día – sonrió cordialmente.
- Gracias – devolví la sonrisa y guardé el libro y el papel en mi bolso
Capítulo 5: Elizabeth, again..
- Que pases un buen día – sonrió cordialmente.
- Gracias – devolví la sonrisa y guardé el libro y el papel en mi bolso.
Caminé hacia la puerta de entrada cáliz bajo y salí de la biblioteca.
Estando afuera, suspiré fuertemente, aliviado por fin, sonreí satisfecho y comencé a caminar en dirección a mi salón de clases.
No podía creerlo, me había hablado, había sido amable conmigo, me había mirado también, incluso obsesivamente podría decirlo, como yo lo había hecho. 'Elizabeth', 'Elizabeth'; que hermoso nombre, el nombre preciso y exacto para ella, Elizabeth.
Comencé a caminar, sin sentido, sonreía para mis adentros y me reía a carcajadas, provocando extrañeza en las personas a mi alrededor, provocando risa, incluso. No me importaba, ¿por qué me deberían importar ellos?, ¿cuál era su importancia en mi vida? ¡Ninguna! Ellos eran gente común, gente que no merecía mi admiración, mi risa, mi felicidad del momento… ¿quiénes eran ellos?, simplemente nadie, ellos ignoraban mi alegría, mi dicha… Si estuvieran en mi lugar, sonreirían amablemente al verme pasar, sabiendo que lo que había sucedido era especial. Para mí era especial y único.
Elizabeth, que ironía…. Que hermosa ironía…
¡Elizabeth, Elizabeth, Elizabeth!
No me cansaba de repetir su nombre en mi mente, no me cansaba de verla ahí, parada leyendo con absoluta armonía, concentrada totalmente en su lectura, en su libro, el cual ya había ganado toda mi envidia… Estaba allí, de pie sobre mis pensamientos cotidianos, los había derrotado y pisoteado sólo para que pensara en ella, burlándose de ellos con su sonrisa, luego de un 'que pases un buen día'…
Llegué atrasado a clases. De seguro, en mi 'súper-viaje-pensando-en-ella', me perdí por ahí, me detuve… o quizás caminé más lento de lo normal. Ni si quiera lo sabía bien, no recordaba el por qué de mi atraso, lo más obvio: Elizabeth. Ella hacía que me distrajera, que simplemente perdiera la noción del tiempo, que me escapara imaginariamente hacia la antigua biblioteca sólo para verla, para oírla, para sonreírle.
El profesor de Literatura, el señor Bernard, estaba explicando 'algo' a la clase, cuando llegué a interrumpir su discurso, de seguro se había emocionado más de la cuenta… Cerré la puerta tras de mí, al notar mi presencia, Bernard me miró violentamente, haciendo que todos en el salón se dieran cuenta de mi llegada.
Sentí un ligero nudo en el estómago, que fue aumentando con el paso de los segundos, se aproximaba un llamado de atención o un castigo…
- Kaulitz, Kaulitz, Kaulitz – dijo calmadamente, sacándose sus anteojos – Bill, de nuevo atrasado.
- Sí, es que… - pronuncié tembloroso.
- No quiero explicaciones, Kaulitz, vaya y siéntese – suspiró, molesto, y me indicó un banco.
- Pero… ese no es mi asiento – corregí, algo extrañado.
- Por supuesto que no es su asiento Kaulitz, o ¿estaba esperando que lo sentara con su hermano? – dijo con un tono más grave, subiendo el volumen de su voz – No quiero desórdenes en mi clase.
No respondí. Sabía perfectamente que si me sentaba con Tom, su clase se arruinaría nuevamente, como siempre… ¡pero ahora era distinto!, no haría disturbios con él, no. De seguro me pasaría la hora y cuarenta y cinco minutos pensando en ‘ella’.
Me fui fastidiado a mi nuevo puesto, con la mirada puesta en el piso. El imbécil del profesor Bernard había arruinado mi momento de gloria, pero no por mucho tiempo… ni él ni nadie lo haría.
Me senté, sin saber con quién me encontraría a mi lado… Más mala suerte para mí, Bernard sabía perfectamente que yo no soportaba a Jenn, o así lo había percibido de mi parte… Ella era una de esas personas de las cuales yo no pasaba, simplemente. Se la pasaba hablando de mí a mis espaldas, junto a su grupito de amigas. Según Tom, el 'experto en cosas de chicas' yo le gustaba… Jenn, ¡ha!, claro, y con ella el maldito del profesor me sentó…
Jenn sonrió al verme, con aquella sonrisa de simpatía, coqueta, llena de picardía, con aquella sonrisa de 'querer conseguir algo'… Le devolví una mirada fría, desinteresada y extremadamente despreciativa. El hecho de que me hubieran sentado a su lado durante la clase no significaba que saldría de allí siendo su novio, ni mucho menos.
Tom me miró desde el otro lado del salón, le devolví una mirada suplicante, ¡quería estar con él!, no con Jenn…
El profesor Bernard comenzó a hablar…
- Muy bien alumnos, hoy retomaremos lo que es el Género Lírico…- dijo para todos con gran entusiasmo.
- Gracias – devolví la sonrisa y guardé el libro y el papel en mi bolso.
Caminé hacia la puerta de entrada cáliz bajo y salí de la biblioteca.
Estando afuera, suspiré fuertemente, aliviado por fin, sonreí satisfecho y comencé a caminar en dirección a mi salón de clases.
No podía creerlo, me había hablado, había sido amable conmigo, me había mirado también, incluso obsesivamente podría decirlo, como yo lo había hecho. 'Elizabeth', 'Elizabeth'; que hermoso nombre, el nombre preciso y exacto para ella, Elizabeth.
Comencé a caminar, sin sentido, sonreía para mis adentros y me reía a carcajadas, provocando extrañeza en las personas a mi alrededor, provocando risa, incluso. No me importaba, ¿por qué me deberían importar ellos?, ¿cuál era su importancia en mi vida? ¡Ninguna! Ellos eran gente común, gente que no merecía mi admiración, mi risa, mi felicidad del momento… ¿quiénes eran ellos?, simplemente nadie, ellos ignoraban mi alegría, mi dicha… Si estuvieran en mi lugar, sonreirían amablemente al verme pasar, sabiendo que lo que había sucedido era especial. Para mí era especial y único.
Elizabeth, que ironía…. Que hermosa ironía…
¡Elizabeth, Elizabeth, Elizabeth!
No me cansaba de repetir su nombre en mi mente, no me cansaba de verla ahí, parada leyendo con absoluta armonía, concentrada totalmente en su lectura, en su libro, el cual ya había ganado toda mi envidia… Estaba allí, de pie sobre mis pensamientos cotidianos, los había derrotado y pisoteado sólo para que pensara en ella, burlándose de ellos con su sonrisa, luego de un 'que pases un buen día'…
Llegué atrasado a clases. De seguro, en mi 'súper-viaje-pensando-en-e
El profesor de Literatura, el señor Bernard, estaba explicando 'algo' a la clase, cuando llegué a interrumpir su discurso, de seguro se había emocionado más de la cuenta… Cerré la puerta tras de mí, al notar mi presencia, Bernard me miró violentamente, haciendo que todos en el salón se dieran cuenta de mi llegada.
Sentí un ligero nudo en el estómago, que fue aumentando con el paso de los segundos, se aproximaba un llamado de atención o un castigo…
- Kaulitz, Kaulitz, Kaulitz – dijo calmadamente, sacándose sus anteojos – Bill, de nuevo atrasado.
- Sí, es que… - pronuncié tembloroso.
- No quiero explicaciones, Kaulitz, vaya y siéntese – suspiró, molesto, y me indicó un banco.
- Pero… ese no es mi asiento – corregí, algo extrañado.
- Por supuesto que no es su asiento Kaulitz, o ¿estaba esperando que lo sentara con su hermano? – dijo con un tono más grave, subiendo el volumen de su voz – No quiero desórdenes en mi clase.
No respondí. Sabía perfectamente que si me sentaba con Tom, su clase se arruinaría nuevamente, como siempre… ¡pero ahora era distinto!, no haría disturbios con él, no. De seguro me pasaría la hora y cuarenta y cinco minutos pensando en ‘ella’.
Me fui fastidiado a mi nuevo puesto, con la mirada puesta en el piso. El imbécil del profesor Bernard había arruinado mi momento de gloria, pero no por mucho tiempo… ni él ni nadie lo haría.
Me senté, sin saber con quién me encontraría a mi lado… Más mala suerte para mí, Bernard sabía perfectamente que yo no soportaba a Jenn, o así lo había percibido de mi parte… Ella era una de esas personas de las cuales yo no pasaba, simplemente. Se la pasaba hablando de mí a mis espaldas, junto a su grupito de amigas. Según Tom, el 'experto en cosas de chicas' yo le gustaba… Jenn, ¡ha!, claro, y con ella el maldito del profesor me sentó…
Jenn sonrió al verme, con aquella sonrisa de simpatía, coqueta, llena de picardía, con aquella sonrisa de 'querer conseguir algo'… Le devolví una mirada fría, desinteresada y extremadamente despreciativa. El hecho de que me hubieran sentado a su lado durante la clase no significaba que saldría de allí siendo su novio, ni mucho menos.
Tom me miró desde el otro lado del salón, le devolví una mirada suplicante, ¡quería estar con él!, no con Jenn…
El profesor Bernard comenzó a hablar…
- Muy bien alumnos, hoy retomaremos lo que es el Género Lírico…- dijo para todos con gran entusiasmo.
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