martes, 15 de noviembre de 2011

Schneckentraum - [Cap. 2: Now you know, I'm here]

Autor: Robin
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Nota
Palabras con asteriscos (*) tienen explicación al final del capítulo.
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... Sentí risas a lo lejos, de parte de casi todas las personas del casino, menos de ella, quien me ignoraba por completo, mientras, avergonzado, procedí a recoger el servilletero torpemente, fastidiado también por el mismo hecho, y bajé la mirada hacia la mesa.

Levanté luego la vista, alguien se había sentado frente a mí… era Tom, mi hermano gemelo, que llegaba con unos libros en una mano y una bebida en la otra.

- ¿Qué ocurre, eh, Bill?- dijo riendo.
- Nada – respondí cortante.
- Te vi, eso fue estúpido – sonrió.
- Fue una torpeza, lo sé… ¿acaso me quieres corregir en todo?- dije molesto.
- Tranquilo hombre, no te pongas grave – respondió algo más serio, dejando los libros sobre la mesa.

Precipitadamente tomé uno de esos libros y simulé estar leyéndolo, para que ‘ella’ no se diera cuenta de que yo la observaba obsesivamente…

- Y… ¿desde cuándo te interesa el francés? – preguntó Tom extrañado.
- El… ¿qué? – lo miré confundido, bajando el libro.
-'Francés', es lo que lees – levantó una ceja y señaló el libro que sostenía entre mis manos con la mirada.

Lo cerré y leí la portada, para asegurarme de las palabras de mi hermano…

- Ah, sí es que… no sé, lo vi y sentí curiosidad… - mentí y miré una de las páginas, disimulando.
- Ya veo… Es de Andreas, ¡Ah! Ahora que recuerdo, debo entregárselo a su maestra…- dijo efusivamente y se puso de pie, arrebatándome el libro de las manos.
- Pues…ve… y, dame tu bebida – pedí autoritariamente, sacando la lata de su mano izquierda.
- ¡Hey!, eso es mío – dijo fastidiado.
-Ya, ya, vete… - le respondí sin prestarle mucha atención.

Porque mi atención no era para Tom, mi atención iba directamente hacia la muchacha que leía en la mesa de en frente. A ‘ella’.

El pretexto de la bebida fue simplemente para quedarme allí sentado más tiempo, para ‘hacer algo’ mientras la veía leer, para pasar desapercibido entre la multitud de glotones del casino, que sólo devoraban sin un propósito con sentido, sin un propósito cuerdo, sólo saciar su hambre… Yo sí tenía un propósito allí, mi propósito era ella.

Terminé el café, en esos largos quinces minutos, ella dio vuelta la página tres veces.

Pasé a la bebida, la que tenía una graciosa bombilla roja para poder beberla, sin apartar ni un solo instante mi mirada de ella.

El líquido comenzó a acabarse, produciendo un entorpecedor sonido entre la bombilla y la bebida… Me detuve y no tragué más.

En ese instante ella posaba su mirada en mí. Había bajado el libro y procedía a correr nuevamente la página.

Mi corazón comenzó a agitarse, a latir cada vez más fuerte que podía oírlo parado sobre mi hombro, sabiendo que su palpitar me era incómodo, que producía en mí aquella horrible sensación de nervios, sólo para molestarme.

Sus hermosos ojos marrones se detuvieron en mí y yo no supe qué hacer, bajé la mirada y empecé a jugar con la bombilla, revolviendo el líquido aquel, pero volví a mirarla y allí estaba, con su vista fija en mí. Tenía una sensación extraña, sentía algo ajeno dentro de mí que nunca antes había sentido, al pasar de cada segundo, se me hacía más extraña aquella sensación, que hacía que temblara por dentro y actuara débilmente, como un idiota embobado.

Cerró el libro y se puso de pie, bajó la mirada para dirigirse hacia la cajera y entregarle un vaso. Por fin habló.

- ¿Cuánto es? – preguntó seria, pero a la vez dulcemente, con un tono de voz armonioso, apto para cualquier oído común, que no mereciese oír aquella melodía… sólo yo podía oírla.
- Ehh, veamos: Dos cafés, serían… ocho marcos con cincuenta*(1) – respondió la cajera del casino.
- Gracias – le dijo la muchacha luego de entregarle el dinero.
- Gracias, que tengas un buen día – respondió la cajera.

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Aclaraciones
(1).- Ocho marcos con cincuenta: valor sacado del cortometraje.

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