Autor: Robin
__________
Capítulo 6 : My Elizabeth...
Capítulo 6 : My Elizabeth...
- Muy bien alumnos, hoy retomaremos lo que es el Género Lírico…- dijo para todos con gran entusiasmo.
Entusiasmo al cual todos en el salón rechazaron, incluyéndome.
No es que no me gustara la poesía o cosas por el estilo, yo escribía, escribía canciones, preciadas canciones, pero no me gustaba que la gente del salón oyera aquellas líneas internas de mí… Eran mías y esas personas no comprenderían su significado.
- Ahora, alumnos, quiero que escriban sus emociones, que las plasmen en la hoja de su cuaderno, pero no quiero poesías, no, quiero sólo sentimientos… - agregó a su idea anterior.
Ignoré lo demás, puse oídos sordos a sus indicaciones siguientes e impulsivamente tomé el lápiz y comencé a escribir en una hoja del medio de mi cuaderno de Literatura. Elizabeth se había desplazado desde mi mente, había bajado hacia mis ojos, luego se había trasladado con gran astucia por mi lápiz, hasta llegar a la punta y recostarse en la tinta negra, para dormir y permitir que mi imaginación fluyera en torno a todas aquellas letras que emergían de sus sueños.
Comencé a escribir con gran ahínco, cada línea, cada trazo era distinto al anterior, cada frase, todo, tenía algo de 'especial' de, poco común, no, no era común, ni ordinario. Era diferente, así de simple.
- ¡Kaulitz; Bill! - sonó estruendosamente la voz del profesor Bernard en mi oído, interrumpiendo toda clase de inspiración. Todos mis compañeros guardaron silencio.
Levanté la cabeza, molesto, y respondí con una sarcástica sonrisa de niño bueno.
- ¿Qué ocurre 'Bern'? – le dije en un tono ‘rebelde’, para que se molestara.
- No me llames 'Bern', sabes perfectamente que mi nombre es Bernard, no te he dado tanta confianza Kaulitz – respondió, comenzando a enfadarse.
- Lee tu ensayo – dijo autoritario.
- ¿Qué ensayo? - pregunté sin saber de qué hablaba.
- Tú vives en las nubes… el ensayo que les pedí que hicieran, de lírica – agregó cortante.
- No he escrito ningún ensayo – dije tímidamente y cerré el cuaderno.
- ¿Ah no, y esto? – tomó mi cuaderno y lo abrió precisamente en la página donde hablaba de Elizabeth.
- ¡Hey! Eso es mío, devuélvamelo. – dije molesto ante tal situación.
- Léelo – respondió frío, al entregarme el cuaderno.
- No es el ensayo que usted quiere… - comenté intentando huir de aquel próximo bochorno.
- No importa, quiero que leas eso – insistió.
- No lo leeré – dije testarudamente.
- Si no lo lees, te irás a Dirección – respondió, amenazante.
- Está bien – dije colocándome de pie y tomando mi cuaderno.
- No tan rápido – habló de nuevo, interrumpiendo mi salida – si tú te vas, tu cuaderno se queda aquí.
- ¿Qué?, pero, no puede hacer eso… - protesté, era injusto que fuera a quedarse con mis pensamientos.
- Claro, yo soy el profesor aquí, tú no. Así leo tu escrito frente a toda la clase por mí mismo – me miró triunfante – o, puedes leerlo por ti mismo y así no tengo problemas.
El muy maldito era astuto también.
- Está bien – caminé hacia mi puesto con la mirada puesta en mis zapatos, fastidiado.
- Eh, eh, eh – interrumpió de nuevo – quiero que leas frente a todos, en el pizarrón – y sonrió sarcásticamente.
- Como quieras… - dije entre dientes.
Caminé hacia delante, me coloqué frente al pizarrón, suspiré y me di vuelta hacia mis compañeros.
Todos sus ojos se enfocaron en mí. Quise haberme ido a Dirección, pero Bernard no se iba a quedar con mis escrituras, con mis palabras, con mi Elizabeth.
Tom me miraba afligido, él comprendía mi angustia y no había nada que pudiera hacer.
Comencé a leer en voz alta…:
'Hoy te vi, hoy te seguí y hoy te despedí, pero nunca será un adiós, sólo un fugaz adiós fantasma, una sombra entre verte y dejarte…'
Capítulo 7 : für dich; Elizabeth...
Comencé a leer en voz alta…:
'Hoy te vi, hoy te seguí y hoy te despedí, pero nunca será un adiós, sólo un fugaz adiós fantasma, una sombra entre verte y dejarte… No dejo de verte en mí, estás ahí, como la pintura a la cual no encontré sentido alguno, pero hay una diferencia, tú tienes un sentido, aquella pintura, no. Tu sentido es estar aquí, no más miedo en mí, esta noche no moriré de frío, porque estarás tú para entibiar mis pensamientos, mis sueños, ahí estarás, no los dejes, no los dejes solos, no permitas que la esperanza deje de respirar… Hermosos ojos, suave cabello, perfectas facciones, así eres tú, has venido a rescatar lo que poco que quedaba en mí, has interrumpido mi rutina, la has hecho desaparecer, por que existes tú, ahí, en ese antiguo lugar… Me has hecho libre, al fin… sólo una mirada bastó, sólo una mirada me iluminó, y aquí me tienes, distraído y condenado, ¿será este un pecado?, lo que siento, en este minuto ¿eres un pecado? Claro que no, los pecados no son tan hermosos, los pecados no rescatan, los pecados no sonríen. Por ti, fantasma de mis pensamientos, por ti, pecado interior, por ti hoy tuve una sensación distinta, ajena, extraña, algo de adrenalina, incluso, produjo mi estrepitosa persecución en la sangre que fluía lentamente por mis venas, ahora lo hacía diez veces más rápido. Por ti, escribo lo que escribo, por ti, me he condenado a vivir así, por ti, sueño dormido, por ti…'
'… Por ti, Elizabeth.'
Leí la última frase de mi 'ensayo' para mis adentros. No podía revelarle a este montón de idiotas el nombre de 'ella', de la razón de mis rebeldías anteriores… No. Eso nunca.
Todos se quedaron en silencio, algunos boquiabiertos. Incluyendo al profesor Bernard. Creo que exageraron, como si nadie en su vida se hubiera atrevido a escribir tal palabrerío y lo hubieran obligado a leerlo, aunque yo estaba completamente petrificado ante su atención tan extremadamente fija en mí… pensé que, quizás, no sé, nadie lo notaría, simplemente me ignorarían como siempre. Pero no; todos sus ojos estaban pendientes de mí y el cuaderno que sostenía entre mis manos.
Alguien hizo un sonido extraño con su boca, para que todos mis desagradables compañeros comenzaran a reírse de lo que había leído. Agaché la cabeza, con mi rostro totalmente ruborizado. Luego el profesor habló, firme.
- Clase, ¡silencio! – regañó a los imbéciles y se paró de su asiento – no puedo creer que se comporten así, como unos niños. Les apuesto, que nadie en este salón ha escrito algo más bello de lo que acabamos de oír – dijo seriamente. Por fin me apoyaba el desgraciado, luego de hacerme pasar aquel bochorno.
La clase guardó silencio.
- Excelente Kaulitz, eso quería.- dijo con aire satisfactorio.
No lo miré, sólo me dirigí rápidamente hacia mi puesto y me tumbé allí, de brazos cruzados y cabeza gacha, para no volver a mirar hacia adelante y concentrarme en que mi rabia se esfumara… pero una vocecita aguda me lo impidió. Claro, Jenn…
- ¿Bill? – me llamó 'seductoramente'.
La ignoré. Pero insistió.
- A mí me gustó mucho tu escrito… - susurró a mi oído.
- ¿Ah sí? – levanté la mirada hacia ella, quien me miraba atentamente – Pues también te reíste, así que no te creo – y sonreí sarcásticamente.
Se quedó en silencio, sabía que lo que yo decía era verdad, por lo cual se concentró en su cuaderno y el profesor.
Por fin pasó el día escolar, ya era hora de que terminara aquel martirio…
El autobús pasó por nosotros, Tom y yo subimos en silencio y nos sentamos donde siempre. Apenas me acomodé en el asiento, Tom ya había comenzado su interrogatorio que yo ya veía venir...
- Te conozco, no escribiste eso que leíste porque el profesor lo indicó, así que, cuenta: ¿quién es la chica que ronda en tu cabezota? – se dio vuelta hacia mí y me miró con picardía.
-No es nadie ¿ya? – le dije fríamente y volteé mi cabeza hacia la ventana.
- Sí, sí, no es nadie y yo soy virgen – rió a carcajadas – ¡Te conozco!, desde que te vi hoy en el casino que estás extraño y después en clases… -
- ¡Okey! Ya entendí el mensaje… - lo interrumpí, harto de que mencionara todas mis actitudes del día – hay una chica, sí…
- ¿Y piensas decirme sólo eso? – preguntó, curioso de información.
-En casa te cuento – dije por fin y volví nuevamente mi mirada hacia el paisaje de afuera, que avanzaba rápidamente.
'Hoy te vi, hoy te seguí y hoy te despedí, pero nunca será un adiós, sólo un fugaz adiós fantasma, una sombra entre verte y dejarte… No dejo de verte en mí, estás ahí, como la pintura a la cual no encontré sentido alguno, pero hay una diferencia, tú tienes un sentido, aquella pintura, no. Tu sentido es estar aquí, no más miedo en mí, esta noche no moriré de frío, porque estarás tú para entibiar mis pensamientos, mis sueños, ahí estarás, no los dejes, no los dejes solos, no permitas que la esperanza deje de respirar… Hermosos ojos, suave cabello, perfectas facciones, así eres tú, has venido a rescatar lo que poco que quedaba en mí, has interrumpido mi rutina, la has hecho desaparecer, por que existes tú, ahí, en ese antiguo lugar… Me has hecho libre, al fin… sólo una mirada bastó, sólo una mirada me iluminó, y aquí me tienes, distraído y condenado, ¿será este un pecado?, lo que siento, en este minuto ¿eres un pecado? Claro que no, los pecados no son tan hermosos, los pecados no rescatan, los pecados no sonríen. Por ti, fantasma de mis pensamientos, por ti, pecado interior, por ti hoy tuve una sensación distinta, ajena, extraña, algo de adrenalina, incluso, produjo mi estrepitosa persecución en la sangre que fluía lentamente por mis venas, ahora lo hacía diez veces más rápido. Por ti, escribo lo que escribo, por ti, me he condenado a vivir así, por ti, sueño dormido, por ti…'
'… Por ti, Elizabeth.'
Leí la última frase de mi 'ensayo' para mis adentros. No podía revelarle a este montón de idiotas el nombre de 'ella', de la razón de mis rebeldías anteriores… No. Eso nunca.
Todos se quedaron en silencio, algunos boquiabiertos. Incluyendo al profesor Bernard. Creo que exageraron, como si nadie en su vida se hubiera atrevido a escribir tal palabrerío y lo hubieran obligado a leerlo, aunque yo estaba completamente petrificado ante su atención tan extremadamente fija en mí… pensé que, quizás, no sé, nadie lo notaría, simplemente me ignorarían como siempre. Pero no; todos sus ojos estaban pendientes de mí y el cuaderno que sostenía entre mis manos.
Alguien hizo un sonido extraño con su boca, para que todos mis desagradables compañeros comenzaran a reírse de lo que había leído. Agaché la cabeza, con mi rostro totalmente ruborizado. Luego el profesor habló, firme.
- Clase, ¡silencio! – regañó a los imbéciles y se paró de su asiento – no puedo creer que se comporten así, como unos niños. Les apuesto, que nadie en este salón ha escrito algo más bello de lo que acabamos de oír – dijo seriamente. Por fin me apoyaba el desgraciado, luego de hacerme pasar aquel bochorno.
La clase guardó silencio.
- Excelente Kaulitz, eso quería.- dijo con aire satisfactorio.
No lo miré, sólo me dirigí rápidamente hacia mi puesto y me tumbé allí, de brazos cruzados y cabeza gacha, para no volver a mirar hacia adelante y concentrarme en que mi rabia se esfumara… pero una vocecita aguda me lo impidió. Claro, Jenn…
- ¿Bill? – me llamó 'seductoramente'.
La ignoré. Pero insistió.
- A mí me gustó mucho tu escrito… - susurró a mi oído.
- ¿Ah sí? – levanté la mirada hacia ella, quien me miraba atentamente – Pues también te reíste, así que no te creo – y sonreí sarcásticamente.
Se quedó en silencio, sabía que lo que yo decía era verdad, por lo cual se concentró en su cuaderno y el profesor.
Por fin pasó el día escolar, ya era hora de que terminara aquel martirio…
El autobús pasó por nosotros, Tom y yo subimos en silencio y nos sentamos donde siempre. Apenas me acomodé en el asiento, Tom ya había comenzado su interrogatorio que yo ya veía venir...
- Te conozco, no escribiste eso que leíste porque el profesor lo indicó, así que, cuenta: ¿quién es la chica que ronda en tu cabezota? – se dio vuelta hacia mí y me miró con picardía.
-No es nadie ¿ya? – le dije fríamente y volteé mi cabeza hacia la ventana.
- Sí, sí, no es nadie y yo soy virgen – rió a carcajadas – ¡Te conozco!, desde que te vi hoy en el casino que estás extraño y después en clases… -
- ¡Okey! Ya entendí el mensaje… - lo interrumpí, harto de que mencionara todas mis actitudes del día – hay una chica, sí…
- ¿Y piensas decirme sólo eso? – preguntó, curioso de información.
-En casa te cuento – dije por fin y volví nuevamente mi mirada hacia el paisaje de afuera, que avanzaba rápidamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario