Autor: Robin
Capítulo 20 y final.
Ella también me miraba, desde el primer día. Ella también me deseaba… Ella me amaba hacía mucho tiempo.
Me dejé caer en la cama. Sentía impotencia y aquello me dolía aún más. De haberlo sabido antes… tal vez, yo no estaría en este lugar ni ella allá arriba. ¿Cómo cambiar el pasado? Quizás, hubiéramos salido, hablado más… de no haber sido de mi falta de cerebro, Elizabeth estaría aún aquí. Tal vez, el día de ayer, la hubiera ido a dejar a su casa, y así, hubiese impedido que la atropellaran. La hubiese detenido cuando iba a cruzar… le hubiese dado alguna precaución.
Y lloré sin más opciones, presionando el último libro contra mi pecho, sin saber qué hacer.
Al día siguiente falté a la escuela para ir al entierro de Elizabeth.
Tom había llamado por mí a la biblioteca para informarse del horario de la ceremonia. En cuanto a mamá, mi buen hermano le contó todo lo ocurrido, debido a mi deplorable estado de ánimo. Ella comprendió de inmediato y me autorizó a ir al funeral.
Intenté vestirme lo más formal posible, para llegar y pasar desapercibido en el entierro. Llovía de nuevo y tuve que ir con paraguas.
Llevé dos rosas, una blanca y una roja.
Al llegar, la mayoría de las personas allí presentes me miraron como si yo fuese un bicho raro, así me sentía, nadie del lugar me conocía. Excepto Elizabeth. Aquello me importó un comino y fijé mi mirada en lo alto, dejando que la ceremonia continuase. Todo el tiempo me mantuve al margen, no quise mezclarme entre los familiares, sencillamente me quedé de pie atrás de la multitud.
Pero esta vez no lloré, no frente a ellos, no merecían observar mi pena. Mis lágrimas caerían por sí solas en el momento adecuado.
Al finalizar el entierro, esperé alrededor de una hora para que la gente se fuera en su totalidad, para quedar a solas con el féretro, ya enterrado, de mi amada Elizabeth. Me agaché para leer detalladamente la inscripción en la piedra.
'Elizabeth Julia Sáinz Gössel. 1989 – 2005'
- Sólo dieciséis años – dije y suspiré fuertemente – Eras un año más grande que yo – sonreí – Leí todo lo que escribiste, ayer… ¿qué idiota, no? – pregunté tambaleante hacia su tumba – En fin, no… no quiero llorar Elizabeth, no quiero recordar más mis estupideces pasadas… Recordaré por siempre el día de ayer, cuando me besaste y yo lo hice también… ¿Te dije que fue el mejor beso que he recibido en mi vida? Y el mejor que he dado, porque mi beso esperaba por la persona indicada. Tú eras esa persona indicada, siempre lo fuiste. Creo que responderé cada mensaje en los libros… Te seguí, eres realmente astuta; cuando te vi en el casino me hipnotizaste completamente, te veías tan bella leyendo aquel libro. Siempre odié ese libro. Yo quería que me miraras a mí, ¡no a él! – reí - ¡Claro que iría todos los días! ¿O creías que te ibas a librar de mí? Y, ¿yo te distraía? Creo que ambos nos distraíamos sin querer… Siempre disfruté hablar contigo, incluso de vampiros, ¿cómo sabías que me gustaban? Como sea, yo también soñé contigo, muchísimas veces, así de loco me tienes – me detuve – ¿Te diste cuenta de ese horroroso gesto y te pareció adorable? – Reí – tú me eras adorable, en toda tu esencia… Amo tu sonrisa, al igual que tú la mía, ¿qué coincidencia, no?, claro, porque somos Almas Gemelas ¿no crees? –
Me detuve al fin, miré su tumba y suspiré, apenado… Había dejado ambas rosas en el suelo, las miré y las tomé con mi mano derecha.
- Mira lo que te traje – le dije, indicando las flores – no son muchas, ni muy bonitas, pero, tienen un significado importante. Démosle nuestro significado. Esta – y tomé con mi mano izquierda la rosa roja – soy yo, me simboliza. Hubiera escogido una negra, pero sé que te gustan los vampiros, al igual que a mí, el rojo simboliza la sangre, los labios rojos… ¿te mencioné que tus labios eran como los de un vampiro? Rojos, intensos. La elegí para que hiciera contraste con esta – dejé la rosa roja a los pies del sepulcro, para tomar la rosa blanca – que eres tú. Representa tu pureza, tu belleza, tu perfección. Y estas dos rosas – dejé la rosa blanca junto a la roja – te harán recordar todos aquellos momentos que pasamos en la biblioteca, aunque fueron escasos los momentos más importantes, para mí cada instante, cada minuto fue valioso, y lo más probable, es que para ti también.
- Y... te prometo que aprenderé a tocar el piano, por ahora, lo único que puedo ofrecerte es una canción, sé que querías escucharme y… pues ahí va, se llama ‘Cuando no sepas dónde ir’ –
Suspiré y comencé con la letra…
No queda nadie que de verdad me conozca
Mi mundo se rompe
Y hay un final feliz
Se supone que no lloro por ti
Sé que no somos inmortales
Sin embargo una vez dijiste
Cuando no sepas donde ir
Seré un ángel, sólo para ti
Para ti me apareceré en cada noche oscura y profunda
Y no nos volveremos a perder…
{Piensa en mí y verás el ángel que vuela a tu lado}
En esta frase, derramé una lágrima, ahora ella sería quien desde allá arriba me dijera aquello; luego cayeron varias más, pero aún así, seguí cantando… Elizabeth debía oír aquella canción entera.
Cuando finalicé, me puse de pie y simplemente le dije:
’Für dich, Elizabeth, Ich Liebe Dich’ (Para tí, Elizabeth, Te Amo)
Luego, comencé a caminar lentamente para ir a casa. Tal vez, al regresar, me encontraría con ella al cruzar la calle.
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